despojo del enemigo que para fortalecer al que las lleva, adoptó la espada romana, entretejió escudos espesos y fuertes, cuidó más de que los caballos estuvieran ejercitados que de presentarlos galanos, y de este modo formó en falange romana ciento veinte mil infantes y diez y seis mil caballos, sin contar los cuatro de cada carro falcado, siendo éstos en número de ciento; con lo cual, y con hacer que las naves no estuvieran adornadas de pabellones de oro y de baños y cámaras deliciosas para mujeres, sino pertrechadas más bien de armas, de dardos y de toda especie de municiones, vino sobre la Bitinia, recibiéndole otra vez con gozo las ciudades; y no sólo éstas, sino el Asia toda, que había vuelto a experimentar los males pasados, por haberla tratado de un modo intolerable los exactores y alcabaleros romanos, a los cuales Lúculo echó de allí más adelante como arpías que devoraban los mantenimientos, contentándose por entonces con procurar hacerlos más moderados a fuerza de amonestaciones, al mismo tiempo que sosegaba las inquietudes de los pueblos, pues, para decirlo así, no había uno que no anduviese agitado y revuelto.
VIII. El tiempo que Lúculo dedicaba a estos objetos túvole Cota por ocasión favorable para pelear con Mitridates, a lo que se preparó; y como por muchos se le anunciase que Lúculo estaba ya de marcha con su ejército en la Frigia, pareciéndole que nada le faltaba para tener el triunfo entre las manos, a fin de que Lúculo no partici-