pase de él, se apresuró a dar la batalla. Mas, derrotado a un mismo tiempo por tierra y por mar, habiendo perdido sesenta naves con todas sus tripulaciones y cuatro mil infantes, encerrado y sitiado en Calcedonia, tuvo que poner ya en Lúculo su esperanza. Había quien incitaba a Lúculo a que, sin hacer cuenta de Cota, fuera mucho más adelante, para tomar el reino de Mitrídates mientras estaba indefenso; éste era, sobre todo, el lenguaje de los soldados, los cuales se indignaban de que Cota no sólo se hubiera perdido a sí mismo por su mal consejo, sino que, además, les fuese a ellos un estorbo para vencer sin riesgo; pero arengándolos Lúculo, les dijo que más quería salvar del poder de los enemigos a un Romano, que tomar todo cuanto pudieran tener aquéllos. Asegurábale Arquelao, general, en la Beocia, de Mitridates, pero que después se había pasado a los Romanos y militaba con ellos, que con dejarse ver Lúculo en el Ponto sería inmediatamente dueño de todo; mas respondióle que no había de ser él más tímido que los cazadores, para que, teniendo las fieras a la vista, se hubiera de ir a perseguir sus madrigueras; y en seguida se dirigió contra Mitridates con treinta mil infantes y dos mil quinientos caballos. Puesto ya a vista de los enemigos, admirado de su número, determinó evitar la batalla y ganar tiempo; pero, presentándosele Mario, general que había sido por Sertorio enviado desde España con tropas en auxilio de Mitridates, y provocándole, se man-
Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo V (1919-1921).pdf/180
Apariencia