do unos con otros, con este incidente se atrasaron.
Ni fué éste sólo el daño que en aquella ocasión se originó a Lúculo de la avaricia de los soldados, sino que, habiendo sido apresado el secretario íntimo del rey, Calistrato, les dió orden de que se le llevasen; y los que le llevaban, habiendo entendido que tenía en el ceñidor quinientos áureos, le quitaron la vida; y aun tuvo, sin embargo, que condescender con que saquearan el campamento.
XVIII.—Tomó los Cabirios y otras muchas fortalezas, habiendo descubierto grandes tesoros y los calabozos donde estaban presos muchos Griegos y muchas personas de la familia real, a los que, teniéndose por muertos, la magnanimidad de Lúculo no les dió sólo salud, sino resurrección en cierta manera y un segundo nacimiento. Fué al' mismo tiempo cautivada Nisa, hermana de Mitrídates, habiendo estado su salvación en su cau—tiverio; pues las otras hermanas y las mujeres, que parecían estar más distantes del peligro y con seguridad en Farmacia, perecieron lastimosamente, por haber enviado Mitridates contra ellas desde su fuga al eunuco Baquides. Entre otras muchas, se hallaban dos hermanas del rey, Rojana y Estatira, solteras en la edad de cuarenta años, y dos de sus mujeres, jonias de origen, Berenice de Quio y Monima de Mileto. Era grande la fama de éstas entre los Griegos, porque, solicitándola del rey y enviándole de regalo quince mil áureos, no se dejó vencer hasta que se hicieron los contratos matrimoniales, y remitiéndole éste