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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo V (1919-1921).pdf/26

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exploradoras, encargó a los capitanes que, inmediatamente después de haber visto desembarcarse a los Atenienses, se apresuraran a volver, y, al estar en medio de la travesía, levantasen en alto, por la proa, un escudo de bronce, en señal de que debían hacense a la vela. En tanto, convocaba a los pilotos y capitanes y los exhortaba a que cada uno tuviese a bordo y en orden a todos los individuos de la marinería y tripulación, y a la primera señal moviesen aceleradamente contra los enemigos.

Luego que de las naves se levantó en alto el escudo, y se dió de la capitana la señal con la trompeta, salieron al mar las naves, y el ejército de tierra marchó por la costa hacia el promontorio; y siendo la distancia que había entre ambos continentes de quince estadios, con la diligencia y ardor de los remeros, en breves instantes fué vencida. Conon fué el primero de los generales atenienses que divisó en el mar la escuada, e inmediatamente esforzó la voz para que se embarcaran; y sintiendo ya el mal que les había sobrevenido, convocaba a unos, rogaba a otros y a c'tros los obligaba a tripular las naves; pero toda su diligencia era vana, estando la gente dispersa: pues luego que saltaron en tierra, unos habían marchado a tomar víveres, otros andaban vagando y otros dormían en las tiendas, muy distantes todos de aquel apuro y menester, por impericia de sus generales. Cuando los enemigos estaban encima, con grande gritería y alboroto, Conon se hizo a la vela con ocho naves, y se retiró a Chi-