varia, y que trajo a los Romanos muchos males y gravísimos peligros, Mario, no habiendo podido ejecutar ningún hecho señalado, dió una clara prueba de que la virtud guerrera pide robustez y fuerzas corporales; cuando Sila, ejecutando muchos hechos insignes y dignos de memoria, se acreditó de gran general entre los propios, de más grande todavía entre las aliados, y de muy afortunado entre los enemigos. Y no se condujo en esta parte como Timoteo, hijo de Conón, que, como sus enemigos atribuyesen a la fortuna todos sus triunfos, y le hubiesen pintado en sus cuadros durmiendo, mientras la fortuna cogía las ciudades con una red, disgutado e irritado contra los que así le trataban, por cuanto le privaban de la gloria debida a sus hazañas, dijo al pueblo, en ocasión de venir de una expedición dirigida con acierto: "Pues en esta expedición, ¡oh Atenienses!, no ha tenido ninguna parte la fortuna." Y después de haber usado de este lenguaje arrogante, parece que un mal genio se propuso burlarse de él, pues nada de provecho pudo hacer ya en adelante, sino que, desgraciado en sus empresas, y despojado del favor del pueblo, por fin salió desterrado de la ciudad. Mas Sila no sólo sacó cons tantemente partido de aquella felicidad suya y de la confianza en ella, sino que en alguna manera aumentó y como divinizó sus hechos y sus sucesos con atribuirlos a la fortuna: bien fuera por ostentación, o bien por ser éste su modo de pensar acerca de las cosas divinas, puesto que él
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