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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo V (1919-1921).pdf/91

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Estando Sila en marcha para Queronea, salió a recibirle con su tropa ya armada el tribuno que tenía puesto de gobernador en aquella ciudad, trayéndole una corona de laurel. Luego que saludó con la mayor afabilidad a los soldados, se dispuso pana el combate, y en este acto se le presentaron dos ciudadanos de Queronea, Homoloico y Anaxidamo, ofreciéndole destrozar a los que ocupaban el Turio, sólo con que les diese unos cuantos soldados, porque había un atajo, ignorado de los bárbaros, que por el Museo conducía al Turio, desde el llamado Petroco, hasta estar encima del puesto que éstos tenían; y cayendo sobre ellos por aquel camino, con facilidad serían destruídos, o se los desalojaría hacia la llanura. Asegurólo Gabinio del valor y lealtad de los que hacían la oferta, y dándoles Sila la orden de que la pusiesen en ejecución, formó su ejército, distribuyendo la caballería en una y otra ala; tomó él mismo para sí el mando de la derecha y dió a Murena el de la izquierda. Los legados Galba y Hortensio, que mandaban las cohortes de retaguardia, marcharon a ponerse en observación sobre las alturas, para el caso de que se tratara de envolverlos, por cuanto se había advertido que los enemigos ponían mucha caballería y tropa ligera en las alas, extendiéndolas demasiado y haciéndolas delgadas y flexibles para cercar a los Romanos.

XVIII. Habían los Queronenses recibido de Sila por caudillo a Ericio, y marchando por el 'Turio sin ser sentidos, cuando después se mostraron,