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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo X (1919-1921).pdf/106

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en estado de tener esparcidas sus fuerzas en lugares pantanosos, no permitió que se le acometiera estando sólo a la vista con la caballería, y dando orden de que no se le molestara, pues que dentro de poco habrían de contarse entre los suyos, lo que efectivamente sucedió, porque se entregaron ellos mismos, y entregaron al pretor, con lo que Bruto llegó a reunir considerables fuerzas. Por bastante tiempo mantuvo a Cayo en sus honores, sin quitarle las insignias de su autoridad, no obstante que Cicerón y otros muchos le escribían de Roma que se deshiciese de él; pero cuando ya empezó a tentar a los jefes y a promover alteraciones, lo puso preso en una nave. Los soldados, seducidos por él, se marcharon entonces a Apolonia, y como llamasen a Bruto para que fuese a tratar con ellos, les respondió que esto era ajeno a las costumbres patrias, según las cuales ellos eran los que debían ir en busca del general para tratar de aplacar su enojo por el yerro cometido; y habiéndolo así ejecutado, les concedió el perdón.

XXVII.—Estando para trasladarse al Asia, le llegaron nuevas de las mudanzas ocurridas en Roma, porque el nuevo César al principio había sido ayudado por el Senado contra Antonio; pero después que hubo arrojado a éste de la Italia, ya él mismo había empezado a causar justos recelos, aspirando al consulado contra la ley, y manteniendo numerosas tropas cuando la república para nada las había menester. Como él viese, pues, que esto el Senado lo llevaba a mal, y que dirigía sus