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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo X (1919-1921).pdf/136

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de estorbo en sus designios; y hallándose a espaldas de ellos a corta distancia, les dijo que él era Bruto, y se lo hizo creíble con rogarles que lo condujeran ante Antonio, por cuanto temía a César, y en aquél confiaba. Celebrando ellos el encuentro, y teniéndolo a la mayor fortuna, le conducían allá, aunque ya era de noche, enviando delante algunos de los mismos que anticiparon a Antonio la noticia.

Celebrólo también éste, y marchó a encontrarse con los que se lo traían. Corrieron allá asimismo cuantos llegaron a entender que traían vivo a Bruto, unos compadeciendo su suerte y otros creyendo indigno de tanta gloria a un hombre que, por apego a la vida, había venido a ser presa de los bárbaros. Cuando ya estaban cerca, Antonio se paró, dudando cómo debería recibir a Bruto, y Lucilio, ya en su presencia, con el más confiado ánimo, «A Marco Bruto, ¡oh Antonio!—dijo—, no lo ha hecho ni lo hará prisionero ningún enemigo; no permita Dios que hasta este punto prevalezca la fortuna sobre el valor; vivo está, o, si muerto, habrá sido de un modo digno de él. Yo he engañado a tus soldados, y aquí me tienes, que no rehuso sufrir por este crimen los más duros tormentos.» Dicho esto por Lucilio, todos se quedaron absortos; y Antonio, puesta la vista en los que le habían conducido: «No será extraño—les dijo, ¡oh camaradas!, que llevéis a mal el teneros por burlados con este error; pero es bien sepáis que os habéis encontrado con una presa de más precio que la que buscabais, pues buscando un enemigo, es un ami-