rey a un hermano de la misma, determinó darla también a ella; pero Arsicas se echó a los pies de la madre, y con sus ruegos y lágrimas alcanzó, aunque no sin dificultad, que ni se la quitara la vida ni se la separara de su lado. Amó siempre más la madre a Ciro, y quería que éste reinara, por lo cual, habiendo caído enfermo el padre, vino llamado desde el mar, y subió muy esperanzado de que la madre habría negociado el que fuese declarado sucesor del trono, porque Parisatis tenía para esto una razón plausible, de la que ya había antes hecho uso el antiguo Jerjes, instruído por Demarato, pues decía que a Arsicas lo había dado a luz cuando Darío su esposo no era sino particular, y a Ciro cuando ya reinaba. Mas, sin embargo, no fué escuchada, y se declaró por rey al primogénito, mudándole su nombre en el de Artojerjes, y a Ciro sátrapa de la Lidia y capitán general de las provincias marítimas.
III. A poco tiempo de haber muerto Darío, pasó el rey a Pasargada con el objeto de recibir la iniciación regia de los sacerdotes de Persia.
Existe allí el templo de una diosa guerrera que puede presumirse sea Minerva, y el que ha de ser iniciado debe entrar en él y, deponiendo la estola propia (1), vestirse la que llevaba Ciro el Mayor antes de ser rey, comer pan de higos, tragar terebinto y beberse un vaso de leche agria. Si además de estas cosas tienen que ejecutar algunas otras, (1) La estola era ropa talar que cubría todo el cuerpo.