eran espesos y ensortijados, la mostró a los que todavía dudaban y huían. Admirábanse éstos y lo adoraban, de manera que en breve reunió unos setenta mil hombres, que regresaron otra vez a los reales, siendo los que había llevado a la batalla, según dice Ctesias, sobre cuatrocientos mil; pero Dinón y Jenofonte refieren haber sido muchos más los que entraron en acción. De muertos dice Ctesias que Artojerjes le refirió haber sido nueve mil, y que a él le parece que en todo no bajaron los que perecieron de veinte mil. En esto puede haber duda; pero lo que es una insigne impostura de Ctesias es decir que él mismo fué enviado a los Griegos con Faleno de Zacinto y algunos otros, porque Jenofonte sabía que Ctesias moraba en la corte del rey, puesto que hace mención de él, y es claro que tuvo en las manos sus libros; y si hubiera ido y sido intérprete de las conferencias, no habría dejado de nombrarle cuando nombra a Falino de Zacinto; y es que, siendo Ctesias sumamente ambicioso y no menos apasionado de los Lacedemonios y de Clearco, siempre deja para sí mismo algunos huecos en la narración, y cuando se ve en ella, dice muchas y grandes proezas de Clearco y de Lacedemonia.
XIV. Después de la batalla envió los más ricos y preciosos dones al hijo de Artagerses, muerto a manos de Ciro, y honró magníficamente a Ctesias y a todos los demás. Habiendo hallado al Caunio aquel que le dió el odre, de obscuro y pobre lo hizo ilustre y rico. Se notó cierto estudio hasta en