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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo X (1919-1921).pdf/190

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cuando volvió Jenocles trayendo la medida del muro, aunque le expuso que el sitio, por su naturaleza, no era, en realidad, ni inaccesible ni difícil, pero que sería imposible el no ser sentidos, a causa de los perros de un hortelano, que, aunque pequeños, eran extraordinariamente alborotados e implacables, al momento puso manos a la obra.

VI. La adquisición de armas no ofrecía dificultad cuando todos puede decirse se empleaban en robos y en correrías de unos contra otros. Las escalas las construyó sin reservarse el mecánico Eufranor, no pudiendo inducir sospecha por su profesión, aun cuando era también del número de los desterrados. En cuanto a gente, cada uno de sus amigos, de la poca que tenían, le dió diez hombres, y él mismo armó treinta de sus propios esclavos. Tomó asimismo a sueldo algunos soldados de Jenófilo, capitán de bandoleros, entre los cuales se hizo correr la voz de que aquella salida se hacía al país de Sicione contra las yeguas del rey, y a los más se les envió delante en partidas a la torre de Polignoto, con orden de esperar allí. Envióse del mismo modo a Cafisias con otros cuatro bien armados, y éstos debían dirigirse de noche al hortelano, diciendo que eran pasajeros, y en siendo admitidos, encerrar a éste y a los perros, porque no había otro punto por donde poder entrar. Las escalas se desarmaban; metiéronse, pues, en ciertas medidas de granos, y puestas en carros se enviaron ocultas delante. A este tiempo se habían aparecido en Argos ciertos espías de Nicocles, que de-