hubiese hecho de bueno después de él; pero yo por mí diría que, de las hazañas griegas, ésta fué la nov.sima y última, comparable, ora se mire a la osadía, ora a la felicidad del éxito, con las más ilustres y señaladas, como les sucesos no tardaron en comprobarlo. Porque los de Megara, desertando del partido de Antígono, se unieron con Arato, y los de Trecene, con los de Epidauro, se incorporaron a los Aqueos. Abriendo él la primera salida, acometió al Atica, y pasando a Salamina, la taló usando de las fuerzas de los Aqueos, como si las hubiera sacado de una cárcel para todo cuanto quería. Restituyó a los Atenienses los hombres libres sin rescate, dándoles éste principió y motivo de defección. Hizo a Tolomeo aliado de los Aqueos, dándole el mando para la guerra, así por tierra como por mar. Era tan grande su poder entre los Aqueos, que ya que no fuese permitido ser general todos los años, lo elegían un año sin otro, y en la realidad y en la opinión siempre tenía el mando, por ver que ni riqueza, ni gloria, ni la amistad con los reyes, ni el bien particular de su patria, y, en fin, que ninguna otra cosa anteponía al aumento y prosperidad de la liga de los Aqueos, por creer que, siendo débiles las ciudades cada una de por sí, se salvaban unas con otras enlazadas con el vínculo de la utilidad común; y al modo que en los cuerpos los miembros viven y respiran por la juntura de unos con otros, y cuando se separan y desunen se sigue la gangrena y la corrupción, así también las ciudades son destruídas y arruinadas
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