narse sobre buenas prendas a Vinio. Después sucedió que Turpiliano, aborrecido sólo porque no aborreció e hizo traición al emperador siendo cual era, sin que pudiese culpársele de ningún otro crimen, por aquello solo perdió la vida; y el que había hecho a Nerón digno de muerte, y siendo tal por él, le abandonó y le fué traidor, éste quedó para ser una convincente prueba de que con Vinio nada había que no fuese venal, ni nada de que debieran desesperar los que diesen. Pues cuando no podía haber espectáculo en que más se hubiera complacido el pueblo romano que el ver a Tigelino puesto en un patíbulo, y cuando por ello clamaba y lo pedía en todos los teatros y circos, se quedó sorprendido con un edicto del emperador, en que decía que Tigelino ya no podía vivir largo tiempo, hallándose afligido de la tisis, y que les pedía no le agitaran ni quisieran hacer tiránica la potestad imperial. El pueblo bien se irritó; pero riéndose ellos de su enojo, Tigelino hizo el sacrificio que se llamaba de salvación, y dispuso un opíparo banquete; y Vinio, levantándose en la cena de la mesa del emperador, marchó a la francachela de aquél, llevando consigo a su hija, que se hallaba viuda. Brindó Tigelino por ella en doscientos cincuenta mil sextercios, y mandó a la principal de sus concubinas que se quitara un collar precioso que llevaba y se lo pusiera a aquélla, diciéndole que el valor del collar era ciento cincuenta mil sextercios.
XVIII. Por tanto, aun las cosas en que brillaba la benignidad eran mal interpretadas, como su-