descendiera con Dionisio, y no le dieran ningún pretexto. De este modo dice Platón que se resolvió a pasar por tercera vez el mar de Sicilia, Para otra vez probar la cruel Caribdis (1).
XIX. Yendo, pues, fué grar de el gozo que causó a Dionisio y grande la esperanza de que llenó a la Sicilia, que también había hecho plegarias, y deseaba con ansia que Platón viniera a contraponerse a Filisto, y la filosofía a la tiranía.
Era asimismo extraordinario el placer con que lo recibieron las mujeres, y singular la confianza que inspiró a Dionisio, como ningún otro, siéndole permitido presentarse ante él sin haber pedido permiso. Como éste le hiciese repetidas veces dádivas y él las rehusase otras tantas, Aristipo de Cirene, que se hallaba allí a la sazón, dijo que Dionisio era magnánimo con seguridad, porque & ellos que necesitaban de muchas cosas les daba poco, y mucho a Platón, que no recibía nada. Después de los primeros obsequios, habiendo empezado Platón a hablar de Dion, al principio se desentendía Dionisio; después ya tuvieron lugar las quejas y la enemistad, ocultas por entonces a los de afuera; porque Dionisio las disimulaba, y con otros agasajos y honores procuraba apartar a Platón de su amor a Dion, bien que a aquél no se le ocultaron desde luego su mala fe y sus engaños, (1) Es un verso de Homero en el libro XII de la Odisea.