vilipendio sus desgracias, de las que nada hay que pueda asegurar aun al hombre más recto y justo de parte de la fortuna. Tampoco Eforo obra cuerdamente en alabar a Filisto; pues, sin embargo de mostrarse tan hábil en cubrir con motivos decentes las acciones injustas y las costumbres estragadas, y en encontrar al intento las más seductoras expresiones, por más esfuerzos que hace no puede evitar que de su relación misma resulte contra sí haber sido el hombre más adicto a la tiranía y el que más solicitó y más admiró el lujo, el poder, la riqueza y los enlaces de los tiranos.
En fin, en cuanto a Filisto, el que no alabe sus acciones, ni tampoco le eche en cara su suerte, ese será el que mejor desempeñe el oficio de historiador.
XXXVII. Después de la muerte de Filisto envió Dionisio a Dion quien le propusiera que le haría entrega de la ciudadela, de las armas y de sus tropas con el sueldo completo de éstas para cinco meses, bien que pidiendo que bajo la fe de un tratado se le permitiera retirarse a Italia y, habitando allí, disfrutar en los términos de Siracusa la posesión llamada Giatis, que era un campo dilatado y fértil, que desde la orilla del mar entraba tierra adentro. No admitió Dion el mensaje, sino que le envió a decir que suplicara sobre elobjeto de éste a los Siracusanos, los cuales, esperando tomar vivo a Dionisio, despidieron a sus embajadores; pero él lo que hizo fué entregar la ciudadela a su hijo mayor, Apolócrates, y aguar-