mismo el color y perdió enteramente la voz, con lo que aquéllas levantaron el grito, y acudiendo con presteza los vecinos a la puerta de casa, corrió al punto el rumor y la fama de que era muerta; pero recobróse luego, y vuelta en sí, las mujeres que tenía a su lado pensaron en los medios de que se recobrase; mas Bruto, aunque se turbó, como era natural, con la voz que llegó a sus oídos, no por eso abandonó el interés común por acudir al propio, arrastrado de su particular afecto.
XVI. Anuncióse en esto que llegaba César conducido en litera, porque, desalentado con lo que habían significado las víctimas, iba en ánimo de no resolver negocio ninguno de entidad, sino diferirlos, pretextando hallarse indispuesto. Arrimósele al apearse de la litera aquel mismo Popilio Lena, que poco antes había manifestado a Bruto y Casio que hacía votos por que acometieran y salieran bien de su empresa, y se puso a hablar con él por bastante tiempo, teniéndole parado y atento a lo que le decía. Los conjurados, si así se les puede llamar, no percibían lo que le hablaba; pero conjeturando, por lo que tenían en su imaginación, que aquel coloquio era una denuncia de su proyecto, quedaron enteramente desconcertados, y mirándose unos a otros, se advertía en sus semblantes que miraban como indispensable el no aguardar a que los prendieran, sino quitarse la vida por su propia mano. Casio y algunos más se observaba que por debajo de la toga empuñaban las espadas; pero Bruto, notando que la disposición y actitud