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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo X (1919-1921).pdf/99

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dole y como consagrándole en medio de muchos lugares santos, inaccesibles e inviolables. No bien se encendió el fuego, cuando unos por una parte y otros por otra, tomando tizones a medio quemar, corrieron a las casas de los matadores para incendiarlas; pero éstos, fortificándose muy bien, evitaron entonces el peligro. Había un tal Cina, poeta, el cual no sólo no había tenido parte alguna en la conjuración, sino que más bien era de los amigos de César. Había tenido un sueño en el que le parecía que, convidado por César a la cena, se había excusado; pero éste se había empeñado y precisádole a asistir, y que, por fin, tomándole de la mano, le había introducido a un sitio anchuroso y obscuro, al que con repugnancia y susto le había seguido. Después de este sueño, hizo la casualidad que en aquella noche le dió calentura, y sin embargo, siendo a la mañana el entierro, creyó que sería reparable el no concurrir, por lo que se metió entre la muchedumbre, que ya andaba alborotada.

Viéronle, y teniéndolo por otro del que era, pues creyeron fuese el que pocos días antes había llenado de improperios a César en el Senado, le hicieron pedazos.

XXI.—Después de la mudanza de Antonio, esta disposición del pueblo fué la que más cuidado dió a Bruto y los suyos, obligándoles a salir de la ciudad y a detenerse desde luego en Ancio, dando lugar a que se pasase y disipase el encono para volver después a Roma, lo que esperaban se verificaría pronto en una muchedumbre en quien el ím-