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GUSTAVO ADOLFO BECQUER
XXXI
Nuestra pasión fué un trágico sainete
En cuya absurda fábula
Lo cómico y lo grave confundidos
Risas y llanto arrancan.
En cuya absurda fábula
Lo cómico y lo grave confundidos
Risas y llanto arrancan.
Pero fué lo peor de aquella historia
que al fin de la jornada,
A ella tocaron lágrimas y risas,
¡Y a mí sólo las lágrimas!
que al fin de la jornada,
A ella tocaron lágrimas y risas,
¡Y a mí sólo las lágrimas!
XXXII
Pasaba arrolladora en su hermosura,
Y el paso la dejé;
Ni aun a mirarla me volví, y no obstante
Algo a mi oído murmuró: "esa es".
Y el paso la dejé;
Ni aun a mirarla me volví, y no obstante
Algo a mi oído murmuró: "esa es".
¿Quién reunió la tarde a la mañana?
Lo ignoro: sólo sé
Que en una breve noche de verano
Se unieron los crepúsculos, y... "fué".
Lo ignoro: sólo sé
Que en una breve noche de verano
Se unieron los crepúsculos, y... "fué".
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