Esta página ha sido corregida
GUSTAVO ADOLFO BECQUER
¡Qué manjar tan sabroso
Para ser devorado
Sotto voce en un corro,
Detrás del abanico
de plumas y de oro!
... ... ... ... ... ... ... ...
¡Discreta y casta luna,
Copudos y altos olmos,
Paredes de su casa,
Umbrales de su pórtico,
Callad, y que el secreto
No salga de vosotros!
Callad; que por mi parte
Lo he olvidado todo:
Y ella... ella... ¡no hay máscara
Semejante a su rostro!
Para ser devorado
Sotto voce en un corro,
Detrás del abanico
de plumas y de oro!
... ... ... ... ... ... ... ...
¡Discreta y casta luna,
Copudos y altos olmos,
Paredes de su casa,
Umbrales de su pórtico,
Callad, y que el secreto
No salga de vosotros!
Callad; que por mi parte
Lo he olvidado todo:
Y ella... ella... ¡no hay máscara
Semejante a su rostro!
XLI
Tú eras el huracán, y yo la alta
Torre que desafía su poder:
Tenías que estrellarte o abatirme!...
¡No pudo ser!
Torre que desafía su poder:
Tenías que estrellarte o abatirme!...
¡No pudo ser!
Tú eras el océano, y yo la enhiesta
Roca que firme aguarda su vaivén:
¡Tenías que romperte o que arrancarme!
¡No pudo ser!
Roca que firme aguarda su vaivén:
¡Tenías que romperte o que arrancarme!
¡No pudo ser!
— 48 —