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RIMAS
Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
Uno a arrollar, el otro a no ceder:
La senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!
Uno a arrollar, el otro a no ceder:
La senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!
XLII
Cuando me lo contaron sentí el frío
De una hoja de acero en las entrañas;
Me apoyé contra el muro, y un instante
La conciencia perdí de donde estaba.
De una hoja de acero en las entrañas;
Me apoyé contra el muro, y un instante
La conciencia perdí de donde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche;
En ira y en piedad se anegó el alma...
Y entonces comprendí por qué se llora,
Y entonces comprendí por qué se mata!
En ira y en piedad se anegó el alma...
Y entonces comprendí por qué se llora,
Y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor... con pena
Logré balbucear breves palabras...
Quién me dió la noticia?... Un fiel amigo...
Me hacía un gran favor!... Le di las gracias.
Logré balbucear breves palabras...
Quién me dió la noticia?... Un fiel amigo...
Me hacía un gran favor!... Le di las gracias.
XLIII
Dejé la luz a un lado, y en el borde
De la revuelta cama me senté,
De la revuelta cama me senté,
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