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GUSTAVO ADOLFO BECQUER
Mude, somrbío, la pupila inmóvil
Clavada en la pared.
Clavada en la pared.
¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme
La embriaguez horrible del dolor,
Expiraba la luz, y en mis balcones
Reía el sol.
La embriaguez horrible del dolor,
Expiraba la luz, y en mis balcones
Reía el sol.
Ni sé tampoco en tan terrible horas
En qué pensaba o qué pasó por mí;
Sólo recuerdo que lloré y maldije,
¡Y que en aquella noche envejecí!
En qué pensaba o qué pasó por mí;
Sólo recuerdo que lloré y maldije,
¡Y que en aquella noche envejecí!
XLIV
Como en un libro abierto
Leo de tus pupilas en el fondo;
A qué fingir el labio
Risas que se desmienten con los ojos?
Leo de tus pupilas en el fondo;
A qué fingir el labio
Risas que se desmienten con los ojos?
¡Llora! No te avergüences
De confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre... ¡y también lloro!
De confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre... ¡y también lloro!
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