sus papeles, hallé, "El Caudillo de las Manos Rojas", tradición india, que se publicó en la Crónica.
Habíase propuesto Gustavo no mezclarse en política, y vivir sólo de sus trabajos literarios.
Nombrado fiscal de novelas, hizo dimisión tan luego como cayó del poder la persona que había firmado su nombramiento, el Excmo. Sr. D. Luis González Brabo, artista como pocos, y apreciador sincero y leal del mérito de Gustavo. Volvieron los improbos trabajos de los primeros días, pero uniendo sus esfuerzos a los de su hermano Valeriano, célebre ya en Sevilla por sus cuadros de pintura, lograron organizar una modesta manera de vivir; y cuando un porvenir artistico e independiente les sonreía, la muerte de Valeriano, acaecida el 23 de Setiembre de 1870, tiñó de luto el alma de sus amigos y contaminó con su frío el corazón de Gustavo, quien el 22 de Diciembre del mismo año, pronunciando claramente sus labios trémulos ¡Todo, mortal!... exhaló el último suspiro, volando a su Creador aquella alma pura y buena, dotada de tan no comunes facultades artisticas y creadoras, unidas a un gusto tan exquisito y elevado.
Los que le conocíamos admirábamos a Gustavo, más por lo que esperábamos de él, que por lo que había hecho. Puede decirse que todo lo que concibió está escrito al volar de la pluma, entre la algazara de redacciones de periódicos y bajo el influjo de premiosas circunstancias. Esto mismo que ve la luz pública, no pensaba él publicarlo sin corregirlo antes, porque lo había escrito de prisa, y como para que no se le olvidasen asuntos e ideas que no le parecían malas.
En cada punto de España que había visitado durante su vida, había levantado su fantasía artística un mundo de tradiciones y de historias. Toledo era su sitio adorado de inspiración.