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GUSTAVO ADOLFO BECQUER
Dos ángeles, el dedo sobre el labio,
Imponían silencio en el recinto.
Imponían silencio en el recinto.
No parecía muerta;
De les arcos macizos
Parecia de mir en la penumbra,
Y que en sueños veía el paraso.
De les arcos macizos
Parecia de mir en la penumbra,
Y que en sueños veía el paraso.
Me acerqué de la nave
Al ángulo sombrío,
Como quien llega con callada planta
Junto a la cuna donde duerme un niño.
Al ángulo sombrío,
Como quien llega con callada planta
Junto a la cuna donde duerme un niño.
La contemplé un momento,
Y aquel resplandor tibio,
Aquel lecho de piedra que ofrecía
Próximo al muro otro lugar vacío,
Y aquel resplandor tibio,
Aquel lecho de piedra que ofrecía
Próximo al muro otro lugar vacío,
En el alma avivaron
La sed de lo infinito,
El ansia de esa vida de la muerte
Para la que un instante son los siglos...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
La sed de lo infinito,
El ansia de esa vida de la muerte
Para la que un instante son los siglos...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Cansado del combate
En que luchando vivo,
Alguna vez recuerdo con envidia
Aquel rincón oscuro y escondido.
En que luchando vivo,
Alguna vez recuerdo con envidia
Aquel rincón oscuro y escondido.
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