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SESION EN 9 DE AGOSTO DE 1844

opinion del que escribe, i se encontrará que mas de una vez se han atacado los proyectos del Gobierno". Esto dice el señor Ministro; veamos lo que contesta el señor Diputado, miembro informante de la Comision, i mas adelante haremos palpar cuál de los dos ha dicho la verdad, cuál de los dos se ha separado de ella.

El señor Toro no niega el hecho enunciado por el señor Ministro, sólo por haberse enunciado (estas son sus palabras) a pesar de no haber reparado en él; pero al momento despues de hacer por cortesía esta concesion, dice con aire de triunfo. "Nadie negará que tenemos un mal sistema de aduana; i los periódicos ¿qué han dicho? Los periódicos de Valparaiso han dicho, señor, cuanto podía decirse i sus opiniones sobre este punto han estado mui distantes de las del Ministro de Hacienda, el señor Diputado no habrá reparado en ello, o lo habrá olvidado i esta omision, esta falta de memoria lo ha hecho caer en el error. El Mercurio se ha pronunciado con vehemencia en contra de la tarifa existente i en jeneral contra la marcha tímida del Ministerio en materia de rentas i reformas en la hacienda. El 30 de Setiembre del año pasado, en el número 4572, decia El Mercurio en gruesas letras estas formales palabras, despues de haber criticado las instrucciones dadas enlónces a la comision encargada de la revisión i alteracion de la tarifa.

"Por lo que hace a nuestro actual Ministro de Hacienda, nos consta que no le son desconocidos los principios de la ciencia económica, ni cuantos datos son precisos para tener sólidas convicciones en materia de rentas; nos consta su laboriosidad, sabemos apreciar su esperiencia i sus ideas liberales i aun le aplaudimos la tendencia que muestra a marchar con paso firme i llevar siempre los hechos por delante; pero entretanto, esta capacidad doblega tambien su frente ante los detalles de la administración i parece que tiembla de aplicar sus mejores ideas. Nada grande, nada nuevo ha emprendido, a pesar de que ha hecho muchos beneficios parciales al órden i manejo de las rentas.

Si se trata de abolir el estanco pregunta: ¿cómo llenaré el vacío que quedará en la arca del tesoro?

Si se trata de diezmos, señores, esclama, conozco cuán injusta, cuán gravosa a la agricultura es esta vetusta contribucion, pero no es tiempo todavía de tocarla.

El catastro, entre tanto, que tantas esperanzas contiene en su seno, se marchita cada dia mas, como una planta que no tiene quién la riegue.

Si se trata, en fin, de reformar la tarifa, el temor de que las entradas disminuyan se pone por delante, i la operacion se hace a medias i el comercio sale perjudicado.

Duro es quizas oir estas observaciones, i duro tambien es el hacerlas; pero el señor Ministro desde su alto puesto debe escuchar pacientemente los deseos que flotan por sobre esta sociedad; i nosotros tambien estamos obligados a espresarlos.

La opinion pública lo mismo que la redaccion de El Mercurio, carece respecto al Departamento de Hacienda de exijencias i de espíritu de oposicion; reconoce el celo del miembro del Gabinete que preside las rentas, pero le pide algo mas: no intenta poner trabas a su marcha, ni precipitarla tampoco; pero aspira a servirle con los estímulos, i con la discusion.

Si se compara la poblacion de Chile con el producto de las contribuciones, se ve que este debia ser mayor; i si se compara el mismo producto con las necesidades públicas de la nacion, aparece tambien que es insuficiente i mezquino: pero entretanto, es indudable que el pueblo se halla agobiado por el peso de las exacciones. ¿Qué indica semejante contradiccion sino que las contribuciones están mal repartidas i que su sistema es vicioso?

Bueno, es pues, que el Gobierno quiera mas rentas; pero es malo que las busque por un canal torcido i defectuoso. Convendria procurar entradas i engrandecer el tesoro nacional, pero no por medio de resortes gastados i opresores, sino tentando una reforma gradual de ellos i comenzando a realizar una parte siquiera de las promesas que tantas veces han hecho los Gobiernos a la nacion. He ahí la obra de que debe ocuparse nuestro Ministro de Hacienda, si quiere obtener una gloria sólida i duradera.

Pero volvamos al asunto de la tarifa de que nos hemos separado involuntariamente. A nuestro juicio, la lei que confiere al ejecutivo la facultad de prorrogar indefinidamente la tarifa, es mui defectuosa; léjos de dar una facultad de tanta trascendencia, debiera haber dispuesto terminantemente que cada año, sin falta, se cotejase la tarifa con los precios corrientes i se arreglase a ellos, pues éste es el único modo de que el tanto por ciento de derechos de aduana no sea nominal ni esté en manos del Gobierno el alterarlo.

La operacion del avalúo es vital para el comercio, i en ningun pais constitucional del mundo tenemos noticia de que se deje en manos del poder enteramente. Mas, ya que en Chile existe una lei que tan estremada confianza deposita en el Gobierno, no nos queda mas recurso que invocar su jenerosidad i pedirle que haga un uso liberal de ella; hacerle presente que para conservar las rentas no es un medio muí puro ni mui honroso el de hechar mano de una tarifa decrépita i falsa i que este ascenso sordo i furtivo que estamos viendo hacer a los derechos de aduana, sin que la razon ni las autorizaciones competentes tengan parte en él, es un hecho de que no necesita un gabinete popular, ni un tesoro acreditado.

La Gaceta del Comercio reprobó igualmente tanto el actual sistema de avalúos como la re