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SESION EN 4 DE SETIEMBRE DE 1844

les serán los medios de obviarlos? ¿Cuáles las bases seguras sobre que deberá establecerse? ¿Qué leyes deben ampararlo? Hé aquí cuestiones graves i dignas de poner en ejercicio las plumas intelijentes i celosas de la prosperidad nacional.


Núm. 166[1]

Lóndres, Abril 9 de 1844. —Lo que Ud. nos informe respecto al proyecto contemplado por su Ministro de hacienda para el establecimiento de un Banco Nacional con la libertad de emitir dinero en papel, no deja de infundirnos bastante recelo, como bien puede Ud. imajinar en las circunstancias en que nos hallamos de ser tenedores de valores de consideracion, invertidos en bonos de la deuda a este pais, como igualmente de los créditos públicos de Chile. Es un paso que siempre hemos temido en esos paises, pero que mas bien pudiera orijinarse en los cerebros visionarios de los que rijen los destinos del Perú, que en Chile; donde hemos creído que se poseia por la parte respetable de la poblacion bastante buen sentido para que reflexionara sobre tamaña sin razon. Sin embargo de lo que Ud. dice, confiamos en que la idea será abandonada. ¿Por qué hombre de reflexion puede ocurrírsele la necesidad de un Banco Nacional en Chile? El pais tiene suficiente crédito, las personas en quienes se puede tener confianza no hallan dificultad alguna en proporcionarse cuanto dinero necesiten de banqueros privados; que son todos aquellos cuyo negocio es dar su dinero a préstamo. Con respecto a crédito en jeneral, segun lo que nosotros hemos observado, mas bien se franquea con demasiada facilidad, i de todos modos los hombres de sustancia conocida, o los que tienen buenos documentos, no pueden quejarse de dificultad alguna, para levantar fondos cuando los requieren. ¿Cuál sería entónces el objeto con que su Ministro estableciese un Banco? El pais adelanta diariamente, llevado sobre una corriente de prosperidad; la condicion del pueblo se mejora; las rentas públicas exceden a las necesidades del Gobierno, i segun los avisos que Ud. nos da, no hai quien tenga que quejarse de injusticia o mal manejo en esos actos jenerales del Gobierno.

La verdad del hecho parece ser, que su Ministro posee la manía de atesorar en demasía, i que esta le hace ciego a los verdaderos intereses del pais, i si no se cuida, al fin se dejará llevar por errores que condenarán eternamente su reputacion.

Segun entendemos, él ha puesto en manos de su ajente aquí una suma que baja poco de un millon de pesos, sin seguridad alguna, a no ser la personal de depositario. Receloso como debe hallarse, de haberse fiado en tanto estremo, i teniendo siempre sobrante encerrado en las arcas una suma injente, parece que ahora desea desembarazarse del peso con el establecimiento de un Banco: haciendo del Gobierno el usurero mayor de su pueblo, monopolizando el negocio de descuentos privados, e impidiendo la libre rutina del comercio con intentar establecer arbitrariamente, una razon de intereses (por quimérica que sea la idea), en lugar de dejar que el valor del dinero se regule como la por la naturaleza de las cosas se ha de regular por la poca o mucha demanda que haya de él. Idea tan completamente quimérica, que creeria inútil discutirla, i enteramente opuesta a un comercio libre que es el interes del país.

El error mayor de un Gobierno, es el atesorar bienes nacionales.

El hombre avariento privado que se deleita en contar sus onzas quedadas, hace un perjuicio a la sociedad en cuando está en su alcance; pero la causa en un grado incomparablemente mayor el Ministro de Hacienda que siga tal sistema, or que tiene el poder de contraer i disminuir el medio circulante del país i producir una escazes innatural de dinero. Para impedir esta posibilidad aun en personas privadas, se pasó, aquí como Ud. sabrá, un acto del parlamento motivado por el testamento de Thelluson, cuya tendencia era la de producir tal acumulacion de dinero inactivo en poder de un particular.

En el caso de no querer un Ministro de Hacienda amortizar la deuda Nacional (i seguramente no mostraría mucho talento en pagar una deuda que gana solamente un seis por ciento cuando el país todavía necesita del dinero i puede emplearlo con ventaja) por qué no se invierte el sobrante de las rentas en obras de v utilidad pública, como almacenes, que requiere la seguridad del comercio, caminos, puentes, i mil cosas de igual naturaleza que las necesidades de un pais nuevo han de demandar i que darian réditos de un 12, 15 o 20 por ciento; aunque así no fuese, al ménos se pondria en movimiento un capital muerto. Segun los periódicos, hemos visto que las Municipalidades han pedido dinero sobre buena seguridad pública a un ocho por ciento anual, con la intencion de invertirlo en obras de utilidad jeneral. ¿No habria sido mayor mérito el haberlo empleado así, circulando en beneficio del pais, que quedando ocioso en pais estranjero con sólo la seguridad de un particular i ganando la mitad? Valparaiso segun parece pidió en ese tiempo de abundancia, 60,000 pesos i con dificultad obtuvo 10,000.

¿Cuál fué el resultado de las entradas sobrantes en la tesorería de los Estados Unidos? Se acumularon 40 millones de pesos, se pagó toda la deuda, la marina era bastante i en cuanto toca a caminos, canales, edificios públicos i demas obras de esta clase, son mas bien dirijidas por

  1. Esta carta ha sido tomada de El Progreso del 6 de Setiembre de 1844, núm. 566. —(Nota del Recopilador).