era únicamente porque no habían sido conocidas. El hombre de genio que debía descubrir esta verdad no había aparecido y surgía entonces. La aparición de este genio y la proclamación de su verdad no era un suceso necesario, inevitable, del desarrollo histórico, sino una casualidad. Si hubiera nacido quinientos años antes, habría ahorrado á la Humanidad cinco siglos de errores, de luchas y de sufrimientos.
...Los filósofos franceses del siglo XVIII, precursores de la Revolución, habían hecho de la Razón la regla suprema de todo. El Estado, la sociedad, debían estar basados en la Razón, y todo lo que fuera contrario á la Razón eterna debía despreciarse; pero esta eterna Razón no era otra cosa que la inteligencia burguesa idealizada. La Revolución francesa dió cuerpo á esta sociedad y á este Estado razonables; mas si las nuevas instituciones eran razonables, comparadas con las del pasado, aun se hallaban lejos de serlo absolutamente. El Estado racional había naufragado. El contrato social de Rousseau había conseguido su ideal, bajo el reinado del Terror; y para huir de él, la burguesía, que no tenía confianza en