lenta y el oro al sable como primer motor social; el derecho de pernada pasó del barón feudal al dueño de fábrica; la prostitución tomó proporciones hasta entonces desconocidas; el matrimonio continuó siendo, bajo la forma legal, encubridor oficial de la prostitución, completándose con el adulterio; en una palabra, las instituciones políticas y sociales que siguieron al triunfo de la Razón, comparadas con las pomposas promesas de los filósofos, parecieron engañosas y tristes caricaturas.
Sólo fultaban los hombres para completar este desencanto, y estos hombres aparecieron al terminar el siglo. En 1802, Saint-Simon publicó sus Cartas de Ginebra; en 1808, Fourier dió á luz también su primera obra, y el 1º de enero de 1800, Roberto Owen se encargó de la dirección de New-Lanark (Escocia).
En esta época, la producción capitalista y el antagonismo entre la burguesía y el Proletariado se hallaban aún en sus comienzos. La grande industria empezaba á desarrollarse en Inglaterra, pero era desconocida todavía en Francia. Unicamente la grande industria en-