de una lucha de clases poco perceptible, nacieron teorias imperfectas. La solución de los problemas sociales, oculta aun bajo la imperlección de las condiciones económicas, no salió del cerebro ya perfecta, sino poco á poco, por partes. La sociedad sólo presentaba incongruencias; el establecimiento de la armonía llegó á ser el problema de la Razón. Era, pues, necesario edificar un sistema social nuevo y completo é imponerlo á la sociedad por la propaganda, y, cuando se pudiera, mediante el ejemplo de colonias modelos. Estos nuevos sistemas socialistas estaban, por tanto, condenados á no ser otra cosa que utopias; y mientras más minuciosamente elaboraban sus detalles, más fantásticos se hacían.
Dicho ya esto de una vez para todas, no nos detendremos más en ese punto, que pertenece completamente al pasado. Dejemos á los mercaderes literarios que escudriñen solemnemente esas fantasmagorías que hoy nos hacen sonreir, y que hagan gala, á expensas de tan utópicos caprichos, de la superioridad de su fría razón; nosotros ciframos nuestro orgullo en buscar los gérmenes de pensamientos geniales que oculta esa envoltura fantás-