de la paz y del próspero desarrollo de Europa era la alianza de Francia con Inglaterra y la de estos dos países con Alemania. Ciertamente se necesitaba un valor poco común para aconsejar á los franceses de 1815 la alianza con los vencedores de Waterloo.
Si en Saint-Simon hallamos una amplitud de miras verdaderamente genial, que nos permite ver en germen casi todas las ideas de sus sucesores, que no pertenecen estrictamente al dominio económico, en Carlos Fourier encontramos una crítica de las condiciones sociales existentes, que no por estar hecha con esa gracia propia de los franceses, es menos profunda. Fourier coge la palabra á la burguesía, con sus profetas inspirados de antemano y sus aduladores interesados por la Revolución, y desenmascara valientemente la miseria material y moral del mundo burgués; la compara con las brillantes promesas de los filósofos de crear una sociedad en que imperaría la Razón, de una civilización que proporcionaría el bienestar general y una perfectibilidad indefinida del hombre, y la compara también con la fraseología color de rosa de los ideólogos contemporáneos; de-