de una ciencia histórica materialista. De este debía conmodo quedó abierto el camino que ducirnos á la explicación de la manera de pensar de los hombres de una época dada, por su modo de vivir, en lugar de querer explicar, como se había hecho hasta entonces, su manera de vivir por su modo de pensar.
Pero si el materialismo del siglo XVIII se había hecho incompatible con la ciencia natural moderna y la dialéctica, el Socialismo, tal como se había desarrollado hasta allí, era también incompatible con la nueva ciencia histórica materialista. El Socialismo criticaba, cierto, la producción capitalista y sus consecuencias, pero no la explicaba, y no podía, por tanto, derribarlo teóricamente; sólo podía considerarla como perjudicial.
Mas el problema era, ante todo, determinar el lugar histórico de la producción capitalista en el desenvolvimiento de la Humanidad; probar su necesidad en un período histórico dádo; de aquí, la infalibilidad de su caida futura; y después, poner al descubierto su carácter intimo, oculto aún, pues hasta entonces la crítica se había ocupado más en describir los antagonismos que la producción