años. El comercio se estaciona, los mercados se atestan, y los productos quedan en él abundantes é invendibles; la moneda desaparece, el crédito se extingue, las fábricas se cierran, las masas obreras carecen de medios de subsistencia, y la bancarrota sigue á la venta forzosa.
Durante años enteros sigue el amontonamiento de productos, y éstos y las fuerzas productoras se desperdician y destruyen en grandes masas, hasta que el hacinamiento de mercancías va desapareciendo poco a poco, gracias á una depreciación más o menos considerable, mediante la cual la producción y el cambio recobran su marcha normal. Poco á poco el paso se acelera, se convierte en trote, de este trote industrial se pasa al galope, hasta llegar á una especie de vértigo general de la industria, del comercio, del crédito y de la especulación, los cuales, después de peligrosos saltos, vienen á caer de nuevo en el foso de la crisis. Y otra vez se vuelve á empezar. Desde 1825 hemos atravesado seis crisis, y en este momento atravesamos la séptima. El carácter de estas crisis está tan claramente marcado, que Fourier las describió todas al