ción y de comunicación son tan gigantescos desde su principio, como los caminos de hierro, que excluyen cualquier otra forma de explotación capitalista. Pero aun esta misma forma es insuficiente en otro género de desarrollo. El representante oficial de la sociedad capitalista, que es el Estado, debe tomar la dirección de esas fuerzas productivas. Esta necesidad de transformación en propiedad del Estado se deja sentir ya en los grandes organismos de comunicación tales como correos, telégrafos, ferrocarriles, etc.
Si las crisis prueban la incapacidad de la burguesía para dirigir en lo sucesivo las fuerzas productivas modernas, la transformación de los grandes organismos de producción y de comunicación en Sociedades por acciones y en propiedad del Estado, demuestran su inutilidad. Todas las funciones sociales de los capitalistas están desempeñadas hoy día por individuos asalariados. El papel social de los capitalistas se reduce á embolsarse las ganancias, cortar cupones y jugar á la Bolsa, donde se despojan unos á otros de sus capitales. La producción capitalista, que comenzó lanzando al obrero en el exceso de población re-