sólo la existencia de una clase dominante, sino la de todas y aun la distinción misma de clases, sean ya un anacronismo, es decir, que presuponga un grado de desarrollo de la producción, en el cual la apropiación de los medios de producción y de los productos por una clase, y por consecuencia, la dominación política, el monopolio de la educación, la dirección intelectual de una clase social distinta, sean no sólo superfluas, sino también un obstáculo al desarrollo económico, político é intelectual.
Este punto se ha conseguido ya hoy día. La bancarrota política é intelectual de la burguesía no es un secreto para ella misma; su bancarrota económica se repite regularmente cada diez años. Durante cada crisis decenal, la sociedad se ahoga bajo la presión de las gigantescas fuerzas productivas y de los productos que la burguesía ha creado y no sabe ya dominar; en su impotencia, se encuentra enfrente de este absurdo: que los productores no tienen nada que consumir porque hay falta de consumidores.
La fuerza expansiva de los medios de producción rompe las trabas que la producción