Página:Sub Sole.pdf/101

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida
- 113 -

creer que la pólvora, e iba a resolver la cuestion en este sentido, cuando CanueIa, saliendo de su mutismo, espresó tímidamente la misma idea.

El espíritu de intransijente contradiccion de Petaca contra todo lo que provenía de su primo, se reveló esta vez como siempre. Bastaba que el rubillo propusiese algo para que él hiciese inmediatamente lo contrario. ¡I con qué despreciativo énfasis se burló de la ocurrencia! Se necesitaba ser mas borríco que un buei para pensar tal despropósito. Si la pólvora iba primero habia forzosamente que echar encima los guijarros. ¿I por donde salia entónccs el tiro? Nada, al reves habia que proceder. Carmela, que no resollaba, temeroso que una respuesta suya acarrease sobre sus costillas razones mas contundentes, vació en el canon del arma una respetable cantidad de piedrecillas sobre las cuales echó, enseguida, dos gruesos puñados de pólvora. Un manojo de pasto seco sirvió de taco i con la colocacion del fulminante, que Petaca efectuó sin dificultad, quedó el fusil listo para lanzar su mortífera descarga. Púsoselo al hombro el intrépido morenillo i echó a andar seguido de su camarada, escndriñando ávidamente el horizonte en busca de una víctima. Los pájaros abundaban, pero emprendian el vuelo apénas la estremidad del fusil amenazaba derribarles de su pedestal en el ramaje. Ninguno tenía la cortesía de permanecer quietecito mientras el cazador hacia i rectificaba una i mil veces la puntería. Por último, un ímpertérrito chincol tuvo la complacencia, en