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timonel. Todo lo demas, a proa i popa, estaba sumerjido en las mas profundas tinieblas i de la lancha separada del remolcador por veinte brazas, que era la lonjitud de la espía, sólo percibíase esa pálida fosforescencia que despiden las olas al chocar contra un obstáculo en la oscuridad. Pero los chasquídos del lirante cable indicaban claramente que el remolque seguia nuestras aguas, i aunque no podíamos verlo sentíamos que estaba ahí, mui próximo a nos, otros, envuelto en las sombras cada vez mas densas de la media noche.

 De pronto, entre el fragoroso estruenda de la borrasca, me pareció oir un ruido sordo i persistente por el lado de estribor. El capitan i el timonel debieron tambien percibido, porque a la luz de la linterna ví que se volvían a la derecha i se quedaban inmóviles, escuchando, al parecer, el estrano ruido con grandísima atencion. Trnscurriemn así algunos minutas i aquellas sordas detonaciones semejantes a truenos lejanos fueron creciendo i aumentando hasta ml punto que ya la duda no fué posible: el « San jorge » derivaba hácia los bajíos de la Punta de Lavapié.

 El estrépito de las olas rodando sobre el temible i peligroso banco ahogó mui pronto con su resonante i pavoroso acento todas las demas voces de la tempestad.

 No sé que pensarian mis compañeros, pero yo asaltado por una idea repentina dije en voz baja, temerosamente: El remolque es nuestra perdicion.