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 En ese preciso instante rasgo las tinieblas un relampago vivisimo alzándose unánimemente en el remolcador i en la lancha un grito de angustia: ¡El banco, el banco!

 Cada cual habia visto al producirse la descarga eléctrica, destacarse una superficie blanquecina salpicada de puntos oscuros a ¡tres o cuatro cables del costado de estribor del San jorje. Los comentarios eran inútiles. Todos comprendíamos perfectamente lo que habia pasado. La gran superficie que la lancha semi descargada oponía al viento no solo disminuia la marcha del remolcador sino que tambien llegaba hasta anulada por completo. Desde que salimos del canal no habíamos avanzado gran cosa siendo arrastrados por la corriente hacia el banco que creíamos a algunas millas de distancia. En valde la hélice multiplicaba sus revoluciones para impusarnos adelante. La fueran del viento era mas poderosa que la máquina i derivábamos lentamente hacia el bajío cuya proximidad ponia en nuestros corazones un temeroso espanto. Solo una cosa nos restaba que hacer para salvarnos: cortar sin perder un minuto el cable del remolque i abandonar la lancha a su suerte. Virar en redondo para acercarnos a Márcos i sus compañeros era zozobra infaliblemente apénas las olas nos cojiesen por el flanco. Para nuestro capitan el dilema era terrible: o perecíamos todos o salvaba su buque enviando su hijo a una desastrosa muerte.

 Este pensamiento prodújome tal conmocion que