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infantil alborozo, mientras entreabre su cerrada diestra con gran cuidado:

— ¡Ven, Isidro, mira, ya lo atrapé!

Pero, en la mano, nada hai i tendiéndose de espaldas bajo la ramada, con los ojos entornados qué; clase inmóvil tratando de percibir el toque misterioso que ha cesado de repente. Una idea le obsesiona: ¡Cómo i cuando se apagó en su corazon el tenido de aquel cascabel que, a pesar de su pequeñez, vibra tan poderosamente en los corazones inespertos! De pronto todo se aclaró en su espíritu. El insidioso tañido se estinguió en su corazon el dia en que empuñó en sus manos el látigo de capataz. En verdad que sus voces eran ya mui débiles i apagada, pues siempre resistió con entereza sus pérfidas insinuaciones encaminadas a apartarle de la soñada meta de la fortuna i del poder. Arrojado de alli, vengativó i malévolo, fué a buscar un albergue en el corazon de su mujer, donde reinó como soberano absoluto. ¡Ah, cómo le hizo sufrir, a él, emancipado de toda sensibleria aquella naturaleza débil, crédula i enfermiza! Muerta la esposa, el cascabel, obstinado i rencoroso, se anidó en el corazon de sn hijo. Encontró allí un terreno bien preparado para estender su diabiólica influencia, influencia que se mantuviera en ese reducto propicio quizas hasta cuando si el mozo, desoyendo por primera vez el maligno repique, no hubiese castigado como se merecía al mendigo, descargando el puño sobre su hipócrita i mentirosa faz. Libre quedó al instante del huésped maldito