Página:Sub Sole.pdf/52

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida
- 57 -

les recordaban comentándolas con dichos i punzantes burlas.

I allá en el fondo de sus almas, lastimadas en su orgullo de profesionales por aquel contraste, sentían un secreto goce, cuando el implacable Cenizo laceraba con una nueva herida el cuerpo exangüe del malhadado favorito. Si alguien en ese momento hubiese propuesto hacer cesar su martirio, de seguro le habrian abofeteado.

Los careos se sucedian unos tras otros, sin que aun se hubiese anotado una caída. El clavel no dejaba una sola vez de contestar en las tablas con un picotazo el ataque de su enemigo; pero, a esto se limitaba su acometividad, pues, sus patas torpes i vacilantes no lo sostenian, i si lograba a veces enderezarse a medias, tumbábase, enseguida, sobre alguno de sus flancos. I, allí en el sucio, en la arena empapada en sangre, sin que pudiese devolverlos, su adversario lo acribillaba a picotazos i golpes hasta que, agotadas las fuerzas, quedábase, a su vez, inmóvil, jadeante, con el sangriento pico apoyado en el roto plumaje del moribundo.

La voz del juez resonaba entónces i los galleros cojiendo a los gladiadores, los ponían de nuevo frente a frente en medio de la cancha. Como si estrujasen una esponja, la sangre se escurria por entre sus dedos i teñía sus manos hasta las muñecas.

Aquella inaudita resistencia empezó a alarmar a los gananciosos. ¿Sería tabla la riña? Tres horas du-