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Petaca habia cumplido su palabra escamoteando a su padre una caja de fulminantcs, i, en cuanto a los perdigones, se les habia sustituido con gran ventaja i economía por pequeños guijarros recojidos en el lecho del arroyo.

Desenterrada la pólvora que ámbos encontraron, despues de palparla, perfectamente seca i calientita, i examinado prolíjamente el fusil del abuelo, tan venerable í vetusto como su dueño, no restaba mas que emprender la marcha hácia las lomas i los rastrojos, lo que efectuaron despues de asegurar conveníentemente la puerta del rancho. Adelante, con el fusil al hombro, iba Petaca, seguido de cerca por Cañuela, que llevaba en los ámplios bolsillos de sus calzones las municiones de guerra. Durante un momento disputaron acerca del camino que debian seguir. Cañuela era de opinion de descender a la quebrada i seguir hasta el valle, donde encontrarían bandadas de tencas i de zorzales; pero, su testarudo primo deseaba ir más bien a traves de los rastrojos, donde abundaban las loícas i las perdices, caza segun él mui superior a la otra i, como de costumbre, su decision fué la que prevaleció.

Petaca vestía una chaqueta, desecho de su padre, a la cual se le habia recortado las mangas i el contorno inferior a la altura de los bolsillos, los cuales quedaron. con este arreglo, eliminados. Cañuela no tenía chaqueta i cubríase el busto con una camisa; pero, en cambio, llevaba enfundadas las piernas en unos gruesos pantalones de daña, con