tillería, y el hato en tierra; y ellos con seis navíos, y muchas embarcaciones de remo, que pelean con uno y dos versos, y mucha gente, así de los navíos, como de la que reside en la puente ? Pareciera bien, despues de rompida la guerra, dejarlos á ellos con todas sus fuerzas, estando nosotros sin ellas ? si ellos nos quitáran la vida, qué reputacion quedará de Españoles en estos reynos? Por lo cual, tuve por mejor hacernos señores dellos, que no estar á merced suya, ni á la del rey; y así por asegurar nuestras vidas, nos fué fuerza tomarles sus navios, y hacernos fuertes en ellos, pues ellos levantaron la guerra. Hecho esto, pareció al padre Fr. Alonso Ximenez, y á nosotros, que pareciendo ante el Rey, y dándole la embajada y algunos presentes y disculpándonos
[1] del caso, que vendría á bien, y que estando con el en paz, y nuestras personas en salvo, en fortaleza, ó debajo de palabra y seguro suyo, que les daríamos sus navíos y haciendas, y esto se firmó y escribió. Para ir á hacer esto, se hizo una carta en nombre del gobernador desa ciudad, Y fuimos á darla nueve leguas de allí donde el rey estaba, dejando los navíos á recaudo. Como el nos tuvo allá, nos quitó las embarcaciones en que havíamos ido, y no quiso recibir la carta que iba en nombre de embajada, ni oir palabra nuestra, si no damos primero los navíos
[2]. Y luego, comenzó á apercibir armas, y llamar mucha gente, con intento de que sino dabamos los navíos, matarnos, ó ponernos (por fuerza) en términos, de que los diéramos, y despues de dados, acabarnos á todos, sin trabajo ni riesgo de los suyos; porque se fiara en nada de
nos-