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Página:Tradiciones peruanas - Tomo II (1894).pdf/33

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Ricardo Palma

Cuenta el cronista Meléndez en su Tesoro de Indias que el demonio habría quedado victorioso si el dominico fray Gil González no se hubiera metido en el ajo. Estos dominicos son gente para atajarle el resuello á cualquiera; y Satanás, para el padre González, era, como si dijéramos, un mocoso á quien se hace entrar en vereda con un palmetazo y tres azoticos.

Visitando su paternidad, que era un fraile todavía mozo y gallardo, al arzobispo, éste contóle la desazón que traía en el alma porque Cachano, no sólo se había burlado del canónigo, sino hecho irrisión del báculo y mitra pastorales.

Sonrióse el dominico y dijo:

—Mándemela su señoría por unas horitas á mi convento, y poco he de poder ó he de sacarle el quilo al diablo.

Aceptó el arzobispo la propuesta, y Ursulita fué encerrada, á pan y agua, en una celda en la que sólo entraba el fraile exorcista.

Dice Meléndez que el padre Gil la amenazó con sacarle el diablo á azotes; que el maligno tembló ante la deshonra de la azotaina, y que cuando ya lo tuvo más dócil que la cera, trasladaron á la endemoniada á la capilla de San Jerónimo, donde ésta confesó que no había tal diablo de por medio, sino que todo había sido fingimiento para mantener no sé qué relaciones pecaminosas con un prójimo.

Yo no sé ni mi paisano Meléndez, que es tan minucioso para otras cosas, lo explica, cómo le sacaría el padre Gil á la Ursulita el demonio del cuerpo; pero concluye el ya citado y muy respetable cronista con una noticia que me deja bizco y boquiabierto.

A los nueve meses de exorcizada por fray Gil, dió á luz la Ursulita....

—¿Un libro?

—No, señor..., ¡un diablito!


PUESTO EN EL BURRO..... AGUANTAR LOS AZOTES

El padre Calancha y otros cronistas dan como acaecido en Potosí por los años de 1550 un suceso idéntico al que voy á referir; pero entre los cuzqueños hay tradición popular de que la ciudad del Sol sirvió de teatro al acontecimiento. Sea de ello lo que fuere, es peccata minuta lo del lugar de la acción, y bástame que el hecho sea auténtico para que me lance sin escrúpulo á llenar con él algunas cuartillas de papel.