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Página:Tradiciones peruanas - Tomo II (1894).pdf/73

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Ricardo Palma

en solo el Perú creó los condados de Monterrico, Valleumbroso, Zelada de la Fuente, Otero y Villablanca, y los marquesados de Villafuerte, Castillejo, Corpa, Concha, Vega del Ren, Cartago, Montemar, Sierrabella, Lurigancho, Villahermosa, Moscoso y Sotoflorido. Quede, pues, sentado que si nuestro minero no llegó á calzarse un título de Castilla fué porque no le dió su regalada gana de pensar en candideces.

A propósito del apellido Quirós, recordamos haber leído en un genealogista que el primero que lo llevó fué un soldado griego llamado Constantino, el cual en una batalla contra los moros, allá por los años de 846, viendo en peligro de caer del caballo al rey D. Ramiro voló en su socorro, gritando ¡is Kirós! ¡is Kirós! (¡tente firme!, ¡no te rindas!), y ayudando al rey á levantarse dióle sus armas y caballo. El monarca quiso que en memoria de la hazaña tomase el apellido de Quirós, dándole por divisa escudo de plata y dos llaves de azur en aspas, anguladas de cuatro rosas y cuatro flores de lis, un cordón en orla, y en una bordura este mote: Después de Dios, la casa de Quirós. El solar de la familia se fundó en el castillo de Alba, en Asturias, después del matrimonio de Constantino con una hija de Bernardo del Carpio. Cuando la conquista de Granada, hubo un Quirós tan principal y valeroso que los Reyes Católicos lo llamaban el rey chiquito de Asturias.

Refiérense de Quirós, el de Potosí, excentricidades que hacen el más cumplido elogio de su carácter y persona. Apuntaremos algunas:

Cuando le denunciaban robos de gruesas sumas que le hacían sus mayordomos, D. Antonio se conformaba con destituir al ladrón y daba su plaza al denunciante, diciendo: «No menear el arroz aunque se pegue. Veamos si éste ha obrado por envidia ó por lealtad.»

En una ocasión le avisaron que uno de sus administradores había ocultado piñas de plata por valor de seis mil pesos. Reconvenido por Quirós, contestó el infiel dependiente que había robado por dar dote á una hija casadera.

—La franqueza y el propósito te salvan, que quien no cae no se levanta—le dijo el patrón.—Llévate los seis mil, y que tu hija se conforme con esa dote, que no todas las muchachas bonitas nacen hijas de emperadores ó de Antonio López Quirós.

Y en verdad que las dos hijas de nuestro personaje, al casarse con dos caballeros del hábito de Santiago, llevaron una dote que abriría el apetito al mismo autócrata de todas las Rusias.

Presentóse un joven, sobrino de un título de Castilla, pidiéndole protección. Quirós le dijo que la ociosidad era mala sonda, y que lo habilitaría con cinco mil pesos para que trabajase en el comercio. El hidalguelo sin blanca se dió por agraviado, y contestó que él no envilecería sus per-