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las cuales se manifestabanahan en un medio misterioso, incomprensible para aquel que no conociera íntimamente los fenómenos que produce la completa abstraccion de todas las aspiraciones terrenales.

Pero este etado particular á que me había sometido Seele debía despertar en mi invisible organismo una impresion violenta.

Toda la poblacion de la gran ciudad se había aglomerado en la porcion occidental de esta, ¿para qué? pronto había de saberlo, pues aún no distinguia con precision sino un cúmulo de bultos humanos, moviéndose de una parte á otra, en confuso laberinto.

Como nuestro descenso continuaba, llegó un momento en que pudimos percibir no sólo cada uno de los individuos reunidos, sino tambien sus formas y movimientos. ¡Señalaban el espacio! ¡Indicaban precisamente la direccion en que nuestras flotantes aureolas habian sido sumerjidas en la atmósfera iluminada por el dia!

¿Qué pasó en mi espíritu en aquel instante? ¿qué velo? qué nube? qué sombra? qué presentimiento?

No lo sé; pero aquellos rostros, el metal de aquellas voces, no me eran desconocidos. Tenía de ellos, una reminiscencia vaga, indecisa como un recuerdo perdido que lucha por renacer.

¿En qué momento de mi vida había escuchado aquellos sonidos?