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sin embargo, que el uso de esta arma indecorosa era poco comun en esta rejion de la América del Sur. Veremos luego tambien que los puelches, al decir de los padres, eran maestros en la preparacion i aplicacion de tósigos que daban a tomar a sus enemigos.

En probable que los pocos indios, que sobreviven hoi dia, no entiendan ya la preparacion de estos venenos, cuyo conocimiento habria sido de interes para la ciencia médica. Sabiendo que ha habido efectivamente tales venenos, podrá ser objeto de investigaciones futuras volver a descubrirlos en el reino vejetal de la Patagonia.

Otros datos que los cronistas de los jesuitas nos dan sobre las costumbres do los puelches, como ser su gobierno, el matrimonio i el castigo de los delitos ofrecen poco interes i no indican diferencias de los araucanos. Mas importante i correlativo para nuestra historia es el cuadro que trazan de sus creencias i de su carácter, al que han dado mas desarrollo por haber tenido, mui a pesar suyo, la ocasion de conocerlos a fondo.

Las ideas relijiosas de los puelches se limitan "a temer o concebir una causa oculta que no ven ni saben, que es la cual les puede hacer mal, o bien, a quien llaman chahuelli como en Chile huecuba, y les parece que esta causa invisible puede mas que ellos". Cuando este espíritu maligno entre en su cuerpo, se mueren, considerándolo, segun parece, como una especie de "fatum" al cual no pueden evadirse. "Sacan a los enfermos moribundos de la habitacion para que no la contaminen; si alguno muere en ella todos la desamparan como apestada con el chahuelli que entró en ella. Ademas, despues de muertos no los quieren nombrar por su nombre sino por rodeos i circunloquios, aunque las mujeres los lloran mucho tiempo". Creen que su ocupacion en la otra vida consistirá en andar a caballo.

Los brujos que hacian el papel de intercesores con el espíritu malo, abusaban sin piedad de la triste condicion de la mente de sus paisanos obcecada por un cúmulo de supersticiones. El padre Laguna quitó en su viaje a Chiloé a uno de los bogadores una bolsa que traia al cuello con plumas i cabellos que le habia dado un brujo, asegurándole que con esa prenda jamas se enfermaria i tendria viaje feliz. Si este engaño era relativamente inofensivo, su accion se hacia en jeneral mui funesta por denunciar a personas inocentes como los causantes de todas las enfermedades i desgracias que sucedian. Los padres eran el blanco de sus intrigas, levantando contra ellos bajo ese pretesto cada vez nuevas acusaciones, que el jénio crédulo de los indios aceptaba como fundadas. Su obra perniciosa no se limitaba a la persecucion de los misioneros, sino que trabajaba ademas en el seno de las mismas tribus i familias: es fama que los poyas, los vecinos de las puelches de Nahuelhuapi, quedaron estinguidos posteriormente por las discusiones domésticas fomentadas entre ellas mismos por los brujos.