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la vivienda i construyó una capilla mayor i mas decente. Haciéndose mui sensible la escasez de víveres, que habia que trasportar desde Chiloé a hombro por el dificultoso paso Perez Rosales, "procuró cantidad de vacas que compró a los indios del Norte para tener el alimento seguro". El padre Enrich [1] observa a este respecto, que "las cédulas reales prohibian a los misioneros tener animales propios, por pasarles Su Majestad sínodo suficiente para mantenerse; pero cuando éste no se daba, o donde ni con él podian siempre proporcionarse el alimento, claro está que no se hallaban incluidos en la prohibicion". Es digno de notar que estas vacas, adquiridas en contravencion a la lei, produjeron, segun veremos mas adelante, la ruina de la mision, puesto que provocaron la codicia de los indios. En tiempo de Menendez se recordaba todavia en Chiloé el punto en que los padres de Nahuelhuapi habian tenido potrero para este ganado.

Guillelmo atendió con el mayor celo al ministerio de la conversion, aunque con resultado poco satisfactorio, porque los puelches se mostraron refractarios a su persuasion. Tuvo, sin embargo, la satisfaccion de convertir en el lecho de la muerte a un indio, que algun tiempo ántes habia intentado matarle. Llevaba una vida ascética conforme a los preceptos de su órden; pero no se limitaba a ellos, sino que en su ardiente deseo de favorecer la mision, el ideal de su vida, renunciaba a toda comodidad personal, usando la mayor pobreza en su traje i cama, con el fin de hacer economias a favor de ella. Su robusta salud resistia bien a estas privaciones i se acomodaba a los alimentos i bebidas indijestas de la comarca.

Como el conocimiento de la lengua indíjena era uno de los medios mas importantes para la conversion de los indios. Guillelmo se dedicó desde su llegada a Chile al estudio del idioma araucano, que alcanzó a hablar con toda facilidad i elegancia, segun confesaban los mismos indios que le oian con mucho gusto. En Nahuelhuapi aprendió ademas las dos lenguas propias del territorio, la de los puelches i la de los poyas, de cuyo idioma formó "artes". No era ménos aprovechado, pues, en esta ciencia que su digno antecesor Mascardi. Esos escritos no se han conservado desgraciadamente, por haberse destruido en los dos incendios que tuvo la mision. Existe, sin embargo, la noticia de un pequeño trabajo de esta clase, compuesto probablemente en Nahuelhuapi por un compañero i discípulo de Guillelmo, el padre Gaspar López. El padre Andres Febres refiere en su célebre "Arte de la lengua de Chile [2]", que añadió a su Calepino Chileno-Hispano "palabras sacadas de un pequeño calepino escrito en Chiloé a los principios de este siglo por el padre Gaspar López, el qual pude haber a mis manos en este Colejio de San Pablo".

  1. l. c. t II p. 73.
  2. Edicion de Lima 1765 p. 423.