tario don Diego Garcia de Paredes. La discreción de V. S. sabe cuanto informa de la habilidad y sabiduria de los sujetos el examen de preguntas particulares, pues las lecciones todos sabemos cómo se hacen y se dicen.» Después de varios dictámenes sobre el modo y el sujeto que habia de examinar, resolvió el claustro que examinase yo y que preguntasen también lo que quisiesen y fuesen servidos los demás doctores y vocales. Entró finalmente el muchacho y preguntándole sobre los tratados que previenen los estatutos, me detenia en sus respues tas, esperando las preguntas de alguno de los demás doctores a quienes el claustro habia concedido la misma facultad; pero ninguno habló palabra.
Después de tres cuartos de hora de examen me mandó la universidad que lo suspendiese, porque bastaba lo que habia oido para quedar informada; a que yo repliqué diciendo: «Señor: todavía no he examinado en materia alguna de la práctica, y es preciso que V. S. vea cómo se explica en ella, y el uso y manejo de los instrumentos que están sobre esa mesa, que es un estuche matemático y el astronómico cesáreo de Pedro Apiano; y que haga el cálculo de algún eclipse, que es una de las piezas más impertinentes y dificiles en la astronomia.» Prosegui examinando en los dichos instrumentos; y habiendo mandado segunda vez que lo dejase, me despedi. El doctor don Josef Sanz de la Carrera, tio también más cercano del opositor, estaba también presente, y habiéndole llamado, le dijo: «Vamos afuera, señor don Josef, que los dos somos partes