he de hacerme porra (1) en el mundo lo que Dios quisiere, a pesar de la rabiosa agonia de mis incontinencias, de la furia de mis ansiones desordenados, de la desazonada cólera de los alimentos, de los em pellones de las pesadumbres, de los impulsos de las pedradas y tejazos repentinos, de las congojas de la frialdad, de las apreturas del calor, y, finalmente, a pesar de los buenos, malos y medianos médicos, que son, sin duda, los enemigos más valientes y armados que tienen en la tierra nuestras tristes y rematadas vidas.
Yo debia poner una ansia cuidadosa en moralizar y en inquirir por qué la clemencia de Dios me ha permitido durar tanto tiempo en el mundo, siendo el escándalo, la ojeriza y el mal ejemplo de sus moradores. Pero por ahora no me detendré en esta meditación ni solicitud; porque estando ya tan cerca el terrible dia en que ha de salir a juicio lo más me nudo de mis pensamientos, obras y palabras, entonces lo sabré todo; y pues es indefectible esta salida, tengan conformidad mis deseos hasta aquella hora, que ya está para caer; pues, por vida mia, que no pasa minuto en que no me zumben sus campanadas las orejas. Mi malicia y mi obstinada ligereza no me 'permiten parar en estas consideraciones; pero algunas memorias pasajeras, que transitan por mi imaginación, me bruman, me acongojan y confunden, al presentarse en mi espiritu la inmensa e incomprensible misericordia de Dios; pues, mereciendo (1) Hacerse porra: «pararse insistentementes.