meros de octubre—en que nos volvimos a ver juntos, en el segundo tribunal de justicia, los autos, el relator, los dos abogados y yo; y, habiendo éste leído el mismo cartapacio que leyó en la primera sala de gobierno y los abogados repetido y aumentado los textos a favor cada uno de su parte, se dieron los señores por instruidos y enterados en los hechos y derechos del asunto. Yo supliqué a los señores una licencia para hablar poco; y su piadosa justicia quiso padecer, además de las tres horas que sufrió a los abogados, los dos o tres minutos que yo gasté en soltar de la boca las reverentes palabras que se siguen.
SEGUNDA ORACIÓN QUE DIJO DON DIEGO DE TORRES AL REAL CONSEJO DE CASTILLA EN LA SEGUNDA SALA DE GOBIERNO.—Señor: Con la veneración cobarde y el espiritu turbado dije en la primera sala de este sapientisimo gobierno que a estos autos, que han dormido veintiséis años en los andenes de las escribanías de V. A., no los alborotaba mi universidad con el ansia sola de suplicar por la restauración de nuestro antiguo y practicado privilegio; y dije que los sacaba ante la clara rectitud de este justisimo teatro, aun más que con la honrada ambición de mantener sus exaltaciones, con el dolor y la compasión de ver y estar viendo muchos años ha a los moradores de aquellos claustros y a los cursantes de aquel pais en una miseria intolerable y con la desesperación de contemplar sumamente remotos sus alivios.