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Página:Vida de Diego de Torres Villarroel - Tomo II (1920).pdf/43

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piedad de Dios, que quiso —no sé para qué guardarme v detenerme en este mundo. La mayor parte de este trozo de mi vida se la llevó esta dilatada enfermedad, por lo que será preciso detenerme en su relación.

Encaramaron (1) mis males los médicos a la clase de exquisitos, rebeldes, dificiles y de los más sordos a los llamamientos de la medicina; y sin saber el nombre, el apellido, la casta ni el genio de las dolencias, las curaban y perseguian, a costa de mi pellejo, con todos los disparates y frioleras que se venden en las boticas. De cada vez que me visitaban diseurrian nn nuevo nombre con que bautizaban mi mal y su ignorancia; pero lo cierto es que nunca le vieron el rostro, ni conocieron su malicia ni su descendencia.

Muchas veces la oi llamar hipocondría, otras coágulo en la sangre, bubas (2), ictericia, pasión de alma, melancolia morbo, obstrucciones, brujas, hechizos, amores y demonios; y yo—itan salvaje crédulo!aguanté todas las perrerias que se hacen con los ictéricos, los hipocondríacos, los coagulados, los obstruídos y los endemoniados; porque igualmente me conjuraban y rebutian de brebajes, y con tanta frecuencia andaba sobre mí el hisopo y los exorcismos, como los jeringazos y las emplastaduras. Lo que no consenti fué que me curaran como a buboso—única resistencia que hice a los médicos y conjuradores, porque aunque yo ignoraba como ellos la (1) Encaramar: «encarecer, exagerar, ponderar».

(2) Bubas: «bubones, sífilis».