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Página:Vida de Diego de Torres Villarroel - Tomo II (1920).pdf/89

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persuadirme que me estaria muy bien soltar esta maula del mundo, pues esto de vida y más vida a todas horas es una muerte, y mientras ella dura, ni llega un cristiano a la felicidad que nos canta la iglesia del requiescamus in pace, ni se ve libre de embustes, dolores, picardias, bobadas, locuras y desconciertos; mas al fin arrojé este deseo como tentación sugerida por el humor cetrino (1) y me he quedado como me estoy, y así me estaré hasta que Dios quiera. Vamos viviendo a trompón; caiga el que cayere, y cúmplase en todo su santisima voluntad.

En el quinto trozo de mi vida quedé lidiando con las dos aventuras de la jubilación de mi cátedra y la reimpresión de mis papeles, reducidos a los catorce tomos que corren —gracias a Dios— con ventura afortunada. Atravesáronse en estos dos negocios contradicciones bien particulares, pero muy comunes a todos los que han puesto su rancho y tienen asentada su tienda en los reales de una comunidad, en donde nadie descansa, ninguno profesa y todos estudian en los medios de dejarla, aporreándose con la solicitud de salir o trepar a mayores empleos.

Dije antes que toda la universidad procuró desvanecer los conatos con que yo supliqué al rey y a su real consejo me concediese la gracia de la jubilación; y dije que habia confiado a cuatro doctores, los más serios y fecundos de su claustro, el informe que habia de desbaratar la veneración de mis súpli(1) Humor cetrino: chumor negro, cólera, bills».